jueves, 25 de junio de 2015

Mientras duermes

Está ya amaneciendo y no hemos parado de besarnos en toda la noche. 
Siento tus labios en los míos
como la sensación de olas en tus piernas nada más salir del mar.

Ahora siento y oigo en verde 
porque el color de tus ojos me ha privado los sentidos.
Tengo arraigadas en el pecho cada una de tus manos 
y mi corazón late más deprisa desde que me arropo con tu aliento.

Esta noche te he dicho
mientras soñabas,
que ya he visto muchos paisajes, 
pero que ninguno como el de tus pestañas sobre la almohada. 
Has sonreído mientras te hacías el dormido 
y yo he visto como el sueño se escapaba por la ventana.

Era necesario sentirte encima de mi para recordar que estaba viva, 
siento como nazco cada vez que me besas la barbilla. 

Y mis dedos sólo saben resaltar la forma de tus labios
en cualquier lugar en el que pueda dibujarlos. 
Ya no tengo sombra, es la propia idiosincrasia
la que me sigue a todas partes cada vez que siento que me sigues.
Hasta el punto que he pensado en comprarme un adosado
cerca del lunar que sobrepasa tu cintura. 

Ahora no soy capaz de oler otra cosa que no sea tu pelo suelto
barriendo mis pecas,
en la noche, sobre mí,
y con ganas de enredarse y quedarse a vivir. 

Llegados a este punto, he de admitir que esto es lo más parecido a un huracán
que he visto jamás,
que se mueve más fuerte cada vez que me aprietas con las piernas.
Y la corriente esboza una especie de laberinto del que,
aun conociendo la salida,
haré el máximo por no encontrarla.
Porque pienso perderme en ti más veces que días tiene un año. 

Y eso me pasará por no dejar de avanzar hacia dentro
y de dar rodeos sin conocimiento,
como aquella que se pierde sin querer.

Encontrando en ti el punto de fusión que una nuestras idas y venidas,
conociendo con ello, la llegada y la salida. 

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